¿Hay suficientes profesionales para cubrir a las personas con dependencia en España?

Ante cuestiones como si hay suficientes profesionales para cubrir a las personas con dependencia en España hay respuestas extremas. Depende de lo que se considere como “profesional”, lo qe pensemos que es suficiente para “cubrir” y, por supuesto, teniendo en consideración el concepto de dependencia, que parece no quedar muy claro entre la población que no está muy apegada al sector sociosanitario y de ayuda a la comunidad.

Nuestro país, por sus grandes condiciones en relación a la sanidad, el clima y muchos otros factores está aumentando constantemente su esperanza de vida, estimándose que en el año 2040, será el que más alta la tenga.

Pero claro, ello supone, también, que, con el lógico transcurrir de los años, esas personas, cada vez más envejecidas precisen de recursos para salir adelante. Así, se prevé que en sólo 15 años la tasa de dependencia aumente más de un 10% y que en el año 2050 3 de cada 10 personas mayores sean dependientes, mientras que en la actualidad hablaríamos de 1.8 personas a las 10.

El empleo relacionado con la dependencia en nuestro país

Poniendo como ejemplo España, podemos decir que, de momento, y siempre hablando de profesionales públicos o privados con contratos concertados, lo cierto es que cada año salen más profesionales correctamente formados de institutos y otros centros formativos con conocimientos computables para el Estado.

Sin embargo, estos no son suficientes ni ahora ni desde hace tiempo, pues el número de personas dependientes aumenta con mayor rapidez que el de expertos en la materia rigurosamente formados. Por ejemplo, a pesar de hablar de un Ciclo de Grado Medio, que se encuentra con uno de los más altos índices de empleabilidad (por encima del 70%), sólo la mitad de los alumnos consigue terminar la formación exitosamente.

Y es que, además de los problemas propios de cada uno, existen muchos aspectos que hacen que este trabajo y las expectativas que se tienen sobre él se desmoronen. Por ejemplo, la economía sumergida es puntera aquí, los cuidadores son considerados puestos de mujer, de persona sin capacidades, es cierto que también hay mucho trabajador operando sin ser profesional en absoluto, la desigualdad en la contratación… El resultado es un abandono de casi la mitad de los alumnos que optan, en un principio, por esta rama.

Y aunque recientemente se ha modificado la Ley de Dependencia, lo cierto es que los puestos de cuidadores de personas dependientes no son demasiado atractivos, lo cual hace que, a la ora de que cualquier persona interesada en el sector escoja sus estudios, tienda hacia otro lado.

Tampoco existe una unificación total de las condiciones laborales a lo largo y ancho del país, existiendo una enorme diferencia del valor de estos servicios que hace que, sin duda, haya zonas en la que la escasez de profesionales se agudice. También las bondades de la figura del cuidador no profesional son realmente diferentes en según qué comunidades y, en definitiva, existe mucha precariedad, mucha economía sumergida y mucha desigualdad.

En cuanto a la formación, no podemos negar que es más difícil trabajar con personas que tienen sus propias particularidades y unas necesidades que las hacen diferentes unas a otras que, por ejemplo, hacer un trabajo en cadena en una fábrica o arreglar una máquina. Sin embargo, los alumnos tienen el mismo tiempo para formarse en un aspecto que requiere de aptitudes y, más importante, de responsabilidades, relacionadas con las vidas humanas.

La solución a la escasez de profesionales cuidadores de personas dependientes

Actualmente existen propuestas que mejoren esta situación en la que nos encontramos y que hemos visto que, en corto plazo, se agravará.

En primer lugar, hablamos de darle un lavado de cara a la profesión, de manera que no sea sólo interesante para quien tiene devoción por los cuidados a las personas dependientes sino a cualquier otra persona con un perfil de trabajo en sociedad, con gusto por las labores rutinarias, etc. El objetivo es que se garantice la profesionalización, que los salarios sean más altos, acordes a las responsabilidades y que se comprenda la necesidad de esta profesión.

El convencimiento de las personas que aún están pensando cómo y en qué formarse pasa, según el director de un centro de estudios superiores que preferimos no nombrar, por la inversión en la promoción de la formación y por darle más valor y más medidas y recursos a los orientadores, que, a fin de cuentas, son los que salvan el futuro de muchísimos alumnos cuando terminan su E.S.O o su bachillerato.