tipos de dependencia

¿Qué tipos de dependencia existen?

Cuando una persona cercana se encuentra en una situación especial, a veces nos puede resultar difícil determinar qué le está ocurriendo exactamente. Eso se debe, en parte, a que a menudo se desconocen o confunden conceptos. Esto también ocurre, por supuesto, en nuestro campo, y es un motivo más que suficiente para que hoy queramos dejar claro qué tipos de dependencia existen, como son, en qué se basan y qué precisan para satisfacer las necesidades que el individuo presenta.

Los cuatro tipos de dependencia diagnosticables

Existen tres tipos de dependencia y un cuarto fruto de su combinación.

Dependencia psíquica

Se trata de la situación en la que una persona tiene dificultad o imposibilidad para tomar decisiones, resolver situaciones cotidianas y problemas sencillos. Su causa está en una afectación a nivel mental como un defecto congénito, un efecto de un accidente o la aparición de enfermedades que modifican la estructura cerebral o su manera de funcionar.

Hablaríamos del Alzheimer, del retraso mental, del autismo, de una situación vivida después de un accidente de coche en que se golpea el cráneo (y, con ello, el cerebro), etc.

Dependencia sensorial

Sería la que corresponde a los efectos provocados por la reducción o desaparición de alguno de los sentidos. Estos cambios deben, como es lógico, limitar la actividad habitual del usuario, si bien, es evidente que así es en la práctica totalidad de los casos.

Lo más común es ir perdiendo vista y oído, lo que supone dejar de conducir, no poder cosas, confundir señales, incapacidad para leer y, con ello, de seguir instrucciones redactadas, de atender a comandos de voz y un larguísimo etcétera.

Sin embargo, hay ocasiones en los que se pueden afectar otros sentidos y que ello también suponga un problema para quien lo padece. La pérdida del tacto nos hace tremendamente vulnerables, inseguros. No tener olfato puede suponer un riesgo en algunos casos. La limitación del sentido cinestésico nos provocaría malas posturas que derivarían en problemas articulares o incluso en deformidades, etc.

Obviamente, se nos dificultan hobbies y tareas de ocio caseras, si bien, el problema viene dado porque no se puede desempeñar la actividad laboral o cuando las limitaciones se vuelven un peligro.

Dependencia física

Se daría en cualquier caso en que una persona no puede controlar sus funciones corporales o cuando no es capaz de interactuar con el entorno como corresponde a nivel locomotor.

Aquí entraría el desgaste propio de la edad, que va limitando la capacidad de ejercicio de la persona, la falta del control de esfínteres, otros problemas que impidan su normal actuación pero sin venir dados por limitaciones sensoriales, como, por ejemplo, el padecimiento de esclerosis múltiple…

Dependencia mixta

Además, podemos considerar como tipo de dependencia un cuarto que sería una combinación de dos o incluso de los tres anteriormente descritos. Este se conocería como dependencia mixta.

Suele tener su aparición en una enfermedad que, conforme avanza, va añadiendo síntomas que el usuario presenta y que son, como puedes imaginar, de índole diversa.

Un ejemplo claro sería una afectación sensorial que nos lleva a poco, a poco, dejar de realizar ciertas acciones y, con ello, a sufrir debilidad muscular o articulatoria, por ejemplo. Siempre se habla, para poder explicar este situación, del Parkinson y de la parálisis cerebral aunque lo cierto es que, con el transcurrir del tiempo, y si no se trabaja en la autonomía de la persona ni se trata de frenar su limitación, estas van empeorando y ramificándose hasta el punto de que sea muy común tener dependencia mixta.

Grados de dependencia

En nuestro país, las personas dependientes, sea del tipo que sea, obtienen ayuda por parte del Gobierno. Esta es variada y depende del grado de dependencia que se tenga.

Nuestro sistema incluye una clasificación dada en tres grados. Estos, a su vez, cuentan con dos niveles cada cual. Esto quiere decir que las limitaciones de las personas pueden venir dadas, finalmente, en seis escalones (un grado y un nivel). Estos irían desde la necesidad de ayuda para realizar una acción de manera puntual hasta la necesidad de asistencia total para realizar tareas diversas y dadas durante varias veces al día.

La determinación de la dependencia de una persona y su grado se da mediante una evaluación llevada a cabo por profesionales, que dedicarán tanto tiempo como sea necesario a conocer el historial médico y las condiciones de esta.

Cada circunstancia se corresponde con una puntuación y esta va baremada para asignar grado y nivel. En función de de este, se asignan los recursos públicos que le corresponden, que pueden ser uno o varios y consistir en ayudas económicas, asistencia personal durante un número de horas, plaza en un centro de día, teleasistencia, promoción de la autonomía…